Estrechamente relacionado con la amistad y comunión, el mismo Espíritu nos inspira que nuestra amistad se haga apostolado. De allí que queremos declarar como otro valor “El trabajo apostólico colaborativo”.

Queremos en este valor volver a declarar que nos sentimos llamados al trabajo apostólico en la Iglesia, resaltando un elemento que nos parece particularmente importante: que sea colaborativo.

Queremos generar en el MVC una cultura colaborativa, que comunique nuestro sentido, que es el anuncio del Evangelio no sólo en el apostolado que realizamos sino también en la manera cómo lo realizamos.

Buscamos acentuar la colaboración como un eje que promueva los equipos apostólicos y la riqueza del trabajo comunitario. Haciendo foco en las relaciones, en la toma de decisiones en conjunto, fomentado así las relaciones personales.

Queremos fomentar una cultura que tome en cuenta una planificación apostólica que parta del discernimiento comunitario de lo que Dios pide a cada miembro del equipo y ámbito que se quiere evangelizar, teniendo en cuenta la realidad de ambos.

Una cultura donde el apostolado comunitario es central, pues, se valora, impulsa e integra el aporte de cada uno. Donde la escucha, el diálogo y la apertura forman parte de la toma de decisiones y donde los errores personales y comunitarios, reconocidos, se entienden como camino pedagógico para el crecimiento de todos.

Además, entendemos que la misma comunidad es apostólica en sí misma, lo que va en la línea de evangelizar por atracción, como nos decía Benedicto XVI[2] y nos pide el Papa Francisco[3].

Este valor nos ayudará a superar algunos vicios como el individualismo, el buscar solo los resultados y el autoritarismo, entre otros.

 

 

[2] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Inauguración de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, 13 de mayo de 2007.

[3] Ver Evangelii Gaudium, 14.